Caracterizada por las olas del océano rompiendo en sus grandes y luminosos ventanales, LAR Tamaduste es una casa que te invita a conocer El Hierro a un ritmo más pausado. Un alojamiento completo con capacidad hasta 4 huéspedes. Con espacios exteriores privados e interiores que fluyen de forma natural de uno a otro para una cómoda estancia, en un entorno que invita a desconectar.
Un refugio tranquilo a pie de mar, diseñado para mañanas pausadas y días de desconexión en El Hierro. Rodeada de cristaleras, la vivienda se abre dejando entrar el aire fresco y la luz del sol sin perder la privacidad. Una cocina totalmente equipada, baño privado, dos cómodos dormitorios y acogedoras terrazas la convierten en el lugar ideal para quienes buscan desconectar con amigos y familia.
Casa entera con capacidad para un máximo de cuatro personas, con entrada permitida a niños a partir de diez años. Ideal para disfrutar de unos días de descanso en pareja, familia o con amigos. Comparte momentos al aire libre sin perder privacidad gracias a sus dos terrazas, con comedor exterior y vistas al océano Atlántico.
Tamaduste es mar en calma, luz atlántica y sencillez. Un rincón auténtico de El Hierro donde cada paseo junto al charco, cada baño al amanecer o cada tarde de brisa se convierten en pequeñas memorias para siempre. Tranquilo, cercano y lleno de alma: un lugar para detenerse y sentir la isla de verdad.
Cada estancia cuenta una historia única. Descubre lo que nuestros huéspedes han vivido en nuestros alojamientos, donde cada experiencia ha dejado un recuerdo único e inolvidable.
Sus bosques de laurisilva, sus miradores al fin del mundo y sus pueblos suspendidos en el tiempo revelan una forma de vivir que respeta el entorno y valora lo sencillo. En El Hierro, cada paso es un viaje hacia lo auténtico. Y cada historia, una invitación a mirar el presente con ojos nuevos.
Tamaduste es uno de esos lugares que se descubren despacio y se recuerdan para siempre. Situado en la costa noreste de El Hierro, este pequeño núcleo costero conserva el encanto de lo sencillo: casas blancas que miran al mar, un charco natural de aguas transparentes y la brisa atlántica como única banda sonora.
Aquí, las experiencias inolvidables no se anuncian, se viven: un baño al amanecer, una caminata sin rumbo, un almuerzo junto al mar o una noche estrellada sin más luz que la luna. No necesita artificios para emocionar. Solo invita a detenerse, a respirar y a reconectar con lo esencial. Es un lugar que no se impone, se siente.
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