El Hierro es más que un destino; es un lugar donde la historia y la naturaleza conviven en equilibrio. Declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO, esta pequeña isla atlántica ha sabido conservar su esencia intacta. Aquí no hay prisas ni multitudes: hay caminos de piedra que conectan antiguos poblados, pastores que aún siguen tradiciones centenarias, y paisajes moldeados por el fuego volcánico y el paso del tiempo.
Despierta cada mañana con el sonido del océano y la brisa marina entrando por la ventana. LAR Tamaduste es un refugio frente al mar en el corazón de El Hierro, ubicado en primera línea junto al emblemático charco de Tamaduste. Un enclave único para reconectar con lo esencial, dejarse llevar por la calma y disfrutar del ritmo pausado de la isla.
Alojamiento, luminoso y cuidadosamente equipado, para cuatro adultos. Cuenta con dos habitaciones, baño privado, cocina funcional, un salón-comedor con vistas al Atlántico, dos terrazas y todos los detalles necesarios para una estancia cómoda, tranquila y sin prisas.
Tamaduste es mar en calma, luz atlántica y sencillez. Un rincón auténtico de El Hierro donde cada paseo junto al charco, cada baño al amanecer o cada tarde de brisa se convierten en pequeñas memorias para siempre. Tranquilo, cercano y lleno de alma: un lugar para detenerse y sentir la isla de verdad.
Cada estancia cuenta una historia única. Descubre lo que nuestros huéspedes han vivido en nuestros alojamientos, donde cada experiencia ha dejado un recuerdo único e inolvidable.
Sus bosques de laurisilva, sus miradores al fin del mundo y sus pueblos suspendidos en el tiempo revelan una forma de vivir que respeta el entorno y valora lo sencillo. En El Hierro, cada paso es un viaje hacia lo auténtico. Y cada historia, una invitación a mirar el presente con ojos nuevos.
Tamaduste es uno de esos lugares que se descubren despacio y se recuerdan para siempre. Situado en la costa noreste de El Hierro, este pequeño núcleo costero conserva el encanto de lo sencillo: casas blancas que miran al mar, un charco natural de aguas transparentes y la brisa atlántica como única banda sonora.
Aquí, las experiencias inolvidables no se anuncian, se viven: un baño al amanecer, una caminata sin rumbo, un almuerzo junto al mar o una noche estrellada sin más luz que la luna. No necesita artificios para emocionar. Solo invita a detenerse, a respirar y a reconectar con lo esencial. Es un lugar que no se impone, se siente.
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